Quién?

Cuando nací en 1981, mis padres decidieron llamarme Adriana Verónica Fresnedo, en parte por petición de mi hermana y en parte porque a mi mamá le gustaba.

Tuve la bendición de nacer en uno de los lugares más bellos y míticos del planeta: la Patagonia Argentina, más precisamente en un pueblo llamado Bariloche.

Por una mezcla de crianza familiar e influencia de la zona aprendí desde chica que el mundo está hecho de personas y cosas muy diferentes y que es precisamente allí que radica la belleza de la vida: la suma de la variedad.

A los 12 años decidimos emigrar a Venezuela. Un periodo difícil pero también de mucho aprendizaje. Allí descubrí que mi oficio sería el Diseño Gráfico, que por cuestiones tecnológicas se transformaría en Diseño Web.

También confirmé lo que de alguna manera siempre supe, que mi gran pasión sería el Arte; gracias en gran parte a mi Profesor y Amigo, Héctor Ernández, quién me enseñó casi todo lo que se de Arte.

A los 24 años decidí volver a mi tierra, pero esta vez radicándome en Buenos Aires. Aquí estoy todavía, reanudando la labor artística después de muchos años sin tocar un pincel o lápiz.

Estos años resultaron necesarios para poder madurar y afirmar mi ser y mi ideología.

Creo en lo bello que es vivir en mundo en que todos pensamos de manera distinta, en la infinidad de posibilidades que se crean cuando decidimos colaborar y juntar las ideas, cuando dejamos que quienes y lo que nos rodea influya en cada parte de nuestra personalidad.

Abrazo la inocencia y lucho por poder conservarla todos los días. Asombrarme por un cielo encendido por el atardecer, reírme por un perro que en una estación ladrándole a un subterráneo que pasa, hacer equilibrio en el cordón de la vereda como cuando tenía 5 años.

Pero mi alma es patagónica y sé que cada uno de nosotros está solo, somos entidades capaces de absorber todo lo que nos rodea y transmitir todo lo que sentimos y aprendemos, pero hay una barrera que impide que alguien conozca lo que compone nuestra alma.

Mi aspiración artística es poder reflejar, primero mi alma, y luego algún pedacito de la del espectador. Es una aspiración sencilla y compleja a la vez que espero poder lograr algún día. Mientras tanto, iré disfrutando el viaje.